Tengo el firme convencimiento de que sólo se puede hacer algo realmente bueno si verdaderamente se disfruta haciéndolo. Mi propósito es que nuestro trabajo os emocione y para ello tenemos que mudarnos de piel, comprender vuestras ilusiones y vuestras expectativas. Abandonar por un instante la relación cliente/fotógrafo para vernos las caras como un equipo de personas que ambicionamos un mismo fin.

La mayoría de nosotros no tenemos aptitudes como modelos y la presencia de las cámaras nos provoca cierta inquietud. He aquí la relevancia de nuestro método de trabajo.

Necesitamos conectar con vosotros y ese proceso comienza desde vuestro primer mail o visita a nuestro estudio. Valoro mucho qué me contéis cosas sobre vosotros y vuestros planes.

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La sesión preboda nos permite ganar confianza ante las cámaras, nos enseña a relajarnos y mostrarnos tal y como somos para que las imágenes captadas revelen vuestras emociones y sentimientos. Naturalidad y espontaneidad. Esa es la meta.

Posteriormente nos reunimos con vosotros, días antes de la boda, para transcribir al papel todo lo que acontecerá ese día. Si tenemos un buen guion, una buena planificación, evitaremos contratiempos. Y después ya sólo queda lo más importante… qué disfrutéis del día sin preocupaciones.

Un día de boda es un día de fiesta, de disfrute, de lágrimas de felicidad, de risas, de miradas, abrazos, besos y caricias. Es un día que sin lugar a dudas merece ser fotografiado y detenido en el tiempo. Participar en una boda es una gran responsabilidad y un privilegio que sabemos apreciar y agradecer.

Recuerdo cuando tan sólo era un niño:

  • El sonido de las manecillas de un reloj y el interminable paso del tiempo.
  • El olor de un libro viejo, de una goma de borrar.
  • La imagen de partículas de polvo sustentadas en el aire al entrar la luz por una ventana.
  • Los reflejos y el color de una bola de navidad.
  • Las pausas interminables intentando escuchar el sonido del silencio.
  • El olor de la humedad después de un día lluvioso de agosto.
  • El sonido de los pájaros al despertar.
  • La emoción del primer beso.
  • El errático movimiento de las gotas de lluvia avanzando por el cristal de una ventana.
  • El olor y la suavidad de las sábanas, la ternura y el cariño de mi abuela arropándome cuando me iba a la cama.

La fotografía nos ayuda a revivir todas esas sensaciones.

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Cuando somos niños desconocemos la verdadera utilidad de las cosas, tenemos una percepción muy distinta de ellas y de la realidad. Nos sorprenden sus propiedades físicas como son su dimensión y volumen, la forma en la que la luz índice sobre ellas (reflexión y refracción), su color y aroma. La forma en la que aprendemos y descubrimos cosas es muy rápida y a medida que avanzamos en edad dejamos de encontrar en ellas los aspectos que antes nos sorprendían y emocionaban.

Mi objetivo es retroceder en el tiempo, intentando buscar nuevas sensaciones y experiencias en todo lo que nos rodea. Me gusta observar las cosas desde diferentes ópticas (uso de angulares y teleobjetivos) y ángulos (arriba y abajo), jugar con la luz y estudiar la forma en la que esta nos aporta diversas emociones.

La magia de un contraluz, la calidez de la luz al amanecer y al atardecer, los reflejos del agua sobre el adoquinado de una ciudad, el olor del ambiente después de la lluvia… Todo una serie de elementos al servicio de la creatividad fotográfica.

Los nuevos avances en edición informática nos permiten modificar la luz y el color para lograr aquellos matices que transforman una simple fotografía en una obra de arte.

… pero la inspiración no sólo proviene del entrenamiento logrado al replantearse la realidad a través de nuestra percepción visual. Otras sensaciones son también muy importantes.

La creatividad y la motivación para crear fotografía están muy condicionadas por otras disciplinas como son la lectura, la música y la fotografía en si misma. A través de la lectura desarrollamos nuestra imaginación y fortalecemos una visión imaginaria de mundos irreales que intentamos trasladar a la realidad mediante la técnica fotográfica y el postprocesado. La música desarrolla la sensibilidad y nos hace más sensibles a un sinfín de emociones: ternura, alegría, pasión, amor,…

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Revistas de novias, moda, estilismo, etc… forman parte del revistero de nuestro estudio. Nos ayudan a estar al corriente de las nuevas tendencias y estilos fotográficos.

El arte de la fotografía de boda no se limita al conocimiento de la técnica fotográfica y sus instrumentos. Es absolutamente necesario cultivar el alma.